El Tarot de Marsella es uno de los mazos más comunes junto con el de Rider White. También es uno de los más antiguos. En esta reseña me centraré en la edición restaurada por Alejandro Jodorowsky. 


El Tarot de Marsella se caracteriza por tener una limitada cantidad de colores sólidos, donde predominan los colores primarios: el rojo, el azul y el amarillo. En su versión restaurada incorpora otros colores como el verde, celeste, carne y naranja, esto fue hecho intencionalmente por Alejandro Jodorowsky al notar que hacían falta más colores para poder dar matices y de cierta forma reinterpretar algunos Arcanos de una nueva manera, como por ejemplo El Arcano sin Nombre (XIII), comúnmente nombrado como La Muerte, que restaurado es color carne, lo que habla de nacimiento (o renacimiento) en vez de deceso.


Sus ilustraciones no son tan estilizadas como otros mazos, se podría decir que son más rústicas, pero al mismo tiempo son más directas y viscerales. Son ilustraciones sencillas sin mucha parafernalia ni adorno donde por lo general se encuentra el personaje en un paisaje sencillo (en caso de haberlo). 


La simplicidad de su diseño hace que los símbolos se aprecien a primera vista y no sean de fácil confusión. De esta manera podemos centrarnos en áreas o escenas simbólicas de cada arcano y aportarles un significado basado en lo que nos remite cada una de esas figuras. 


Su mayor ventaja: La simplicidad que tiene hace que sea más fácil y directo de interpretar.


Su mayor desventaja: No es el mazo más hermoso, y algunas veces es desdeñado por eso.


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